Buena Vista

30/03/2014 por umbralisrev

1868– La guerra por fin ha terminado, aunque las heridas abiertas en el seno de la nación que hace apenas un siglo comenzó a dar sus primeros pasos alejada de las faldas de la Madre Inglaterra tardarán muchos, muchos años, en cicatrizar por completo. En el sur, aún resuenan los ecos de los cañonazos de las batallas de Vicksburg y Chattanooga y no han sido pocos los que se han alegrado en secreto del trágico final de Lincoln.

Buena Vista… apenas una mota en medio de un territorio que sueña con convertirse en Estado. Sinónimo de prosperidad para aquellos recién llegados que, atraídos por la promesa de plata y oro, han vendido todo para trasladarse al Oeste, se erige tímido junto a las aguas del río Arkansas. Construido alrededor de una antigua misión española, Buena Vista parece anclado en la historia más profunda y olvidada del Nuevo Mundo. Por sus calles polvorientas, ajenas al paso del tiempo, pasean desde hace más generaciones de las que nadie es capaz de recordar mestizos de rasgos europeos que todavía hablan un Castellano que parece recién sacado de las páginas del Ingenioso Hidalgo Don Qvixote  de la Mancha. A su lado, bajo la celosa protección de la misión Católica, altivos y orgullosos indios Mowatavi-Watsiu se aferran a sus extraños rituales de ascendencia Azteca y a su lengua Ute ante la escandalizada mirada de los nuevos colonos protestantes.

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Con todo, las gentes de Buena Vista parecen por fin despertar de su letargo. Los rumores de la construcción del ferrocarril que unirá Denver con Utah y, después, con la costa oeste, resuenan cada vez más en el recién inaugurado burdel, atrayendo a curiosos, vividores y, en general, a todo aquel que desea dejar atrás su pasado y empezar una nueva vida. Los nuevos yacimientos de plata hacen temblar los cimientos de la ciudad bajo el constante tintineo de los picos de los mineros, quienes, día a día, arriesgan su alma en busca de un sueño argénteo. En la superficie, los campesinos y ganaderos se resignan poco a poco al cambio. Cada vez son más los extranjeros que deciden instalarse definitivamente en Buena Vista y, en la vieja cantina, el stetson y el whiskey han ido ganando terreno al charro y al vino mezcal. Los oriundos de Buena Vista han comprendido que es cuestión de poco tiempo el que Shakespeare gane la partida a Cervantes y cada familia se adapta a su manera. Sin embargo, aunque a veces junto a las hogueras algunos piensen en emigrar al sur, hacia México, todos son conscientes de cuán profundas se hunden sus raíces en la ribera del Arkansas y en el pie de las Rocosas como para abandonar ese lugar. Al fin y al cabo, no se trata sólo de un pedazo de tierra…

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